17122014 TIC_Personalidad de la marca

Comunicación Digital sí, pero sin perder la personalidad de la marca

El impulso que durante los últimos años está teniendo el desarrollo de las Redes Sociales ha propiciado un cambio vertiginoso en todos los ámbitos de nuestra vida, favoreciendo las relaciones y la interacción entre individuos y eliminando así las barreras de espacio y tiempo.

En el mundo económico y empresarial actual, estas nuevas formas de comunicarse son piezas fundamentales. Su implantación en la empresa permite no solo la modernización y agilización de los procesos de respuesta en momentos de urgencia, sino que propicia que puedas acercarte a la opinión de los usuarios y/o clientes y así incrementar en gran medida los niveles de productividad y, en definitiva, aumentar la competitividad de la marca en un futuro, en un mercado cada vez más globalizado y, como sabemos, mucho más competitivo.

Está claro que las organizaciones han de adaptarse a los cambios que tienen lugar en su entorno, interno y externo, y hacerlo lo más rápidamente posible para rebajar los imprevistos.

Entre las utilidades que Internet ha añadido a la comunicación empresarial son innegables la interactividad, la personalización y la globalización como pilares fundamentales. La red, con cientos de millones de internautas esparcidos por todo el mundo y decenas de miles de millones de páginas, es un nuevo dominio empresarial para todas aquellas entidades que estén preparadas para afrontar los retos que se presentan en los tiempos actuales. Y es que si no tienes web, no existes.

Ahora bien, una cosa es adaptarse a las nuevas metodologías de comunicación y otra muy distinta dejar de lado la idiosincrasia propia de la entidad para encomendarse al “Dios Digital”, sin tener en cuenta la propia personalidad de la compañía y perder de vista su misión y visión empresarial primaria.

No son pocas las entidades que se lanzan al ruedo digital sin pararse a pensar qué quieren comunicar y por qué, y protagonizan algunos deslices es sus Redes Sociales que no hacen sino perjudicarlos: como la deshumanización de los contenidos, con el consecuente distanciamiento con el usuario y posible cliente; o la saturación en sus mensajes, con lo que no logran transmitir las ideas y los objetivos de la propia entidad con claridad.

La presencia en plataformas digitales se traduce en un examen constante para la marca, y la inmediatez que supone la comunicación digital no debe estar reñida con la reflexión y capacidad de resolución de problemas. El buen uso de estas herramientas (concisión y coherencia; mensajes bidireccionales más personalizados y diferenciales, anticipación, entre otras claves) es la llave del éxito para lograr el acercamiento del usuario y posible cliente, su compromiso y, en último término, su fidelización. Por eso, es cada vez más importante conocer el universo en que nos movemos con nuestras Redes Sociales, para no “meter la pata”, supuesto que en el caso de una empresa puede dar como resultado un traspié que no tenga cura.

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